viernes, 21 de octubre de 2016

Décadas

  Confesión de un muchacho a su abuelo.

 -Es que a veces creo que soy tan joven para creer o pensar en el amor de una vida, entonces va llegando gente, se va yendo otra, me siento bien con una persona pero por dentro no puedo dejar de pensar que se va a ir y que no es la indicada, que no es momento de pensar en un para siempre, siquiera en disfrutarlo en demasía. Y es que también conozco gente tan rara, no viven el amor como a mi me gusta y a veces me olvido que no todos pensamos igual. Bueno no... de hecho eso lo tengo bien presente, pero en cuanto de amor se trata me cuesta un poco. Hay gente que lo vive tan livianamente, como si un día te regalaran una maceta con una flor, preciosa. El primer día estás encantado con su belleza, con su color, con su aroma; el segundo día ves cómo le da el sol y seguís con esa sorpresa intacta "¡Pero qué hermosura! Qué distinta está la casa con esa flor ahí", y ya los días siguientes bajás la intensidad, te gusta que esté ahí pero a veces olvidás que está, le pasás unas diez veces por al lado y la notás, no sé, quizás solo una, hasta que te olvidás de regarla, de cuidarla y recién te das cuenta cuando ya murió.                      
 (...) Dar por sentado que algo está, que es lindo que esté pero nada más, sin exagerar, ¿cómo la gente ama sin exagerar? Perdón pero no entiendo, a mi me gusta que el amor sea fuerte y presente, que se haga sentir. Quizás es mucho confesar que me gusta sentir el amor como lo que siento cuando leo un poema, lo que siento cuando veo una película romántica de mis favoritas -porque prefiero los thrillers-, lo que siento cuando escucho una canción que me gusta, cuando miro un paisaje. Es que quizás me quedé en el pasado: "Amo antiguamente", pienso siempre. Tan real, tan como en libros de Cortázar, de Borges. A veces incluso, me siento uno de ellos, con el debido respeto que me merecen.    Y me guardo un poco de lo que tengo, un poco mucho diría porque eso hoy en día casi no gusta. Hasta que llega a ser bastante extraño sentir un poquito de más, no sé, hablar del amanecer, expresar que querés ver uno, expresar que querés verlo acompañado. Bicho raro me dicen, pero igual sigo siendo-.
 -Ay querido. Si hubieses estado sesenta años atrás, no todo era como vos pensás. Sí, quizás los modos eran un poco como te gustan a vos, todo más frente a frente, sin tanta tecnología de por medio que arruine las cosas, todo un poco más formal, más suave, más romántico pero porque mirar a la otra persona a los ojos siempre va a ser mejor, porque eso es real. Le ves la piel, sentís su respiración... Basta, no me hagas acordar de tu abuela que me pongo triste y no son horas. Pero en fin, hijo mío, ves defectos donde no los hay, para tu querido abuelo es una cualidad que seas así porque yo soy así, con Marga siempre fui así, ella era medio fría, me decía que no le gustaba tanto cariño pero yo sé que sí. Cuando le decía que la amaba sonreía como adolescente. Y eternamente sonrió así cuando escuchó esas dos palabras, incluso después de décadas. Pero bueno, en fin, el amor es amor, y cada uno lo siente como puede-.

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