jueves, 28 de julio de 2016

Me gusta ver mi reflejo al lado del tuyo

Pongo mi cabeza en otro lado
pero te recuerdo cuando hago lo que amo
musa inspiradora desde hace tiempo atrás
desde que entraste en mi, supe que lo hiciste para no irte jamás,
no hay nadie más
que entre en mi vida y le de espacio a tu salida,
no hay nadie más que pueda entrar y de por válida la caída de nuestra casa que se ahogó en una llovida
tampoco hay un superhombre que me haga sentir que vuelo
y que me acaricie el pelo, con tal suavidad que me derrita el hielo
de mi cuerpo cuando habla,
no con una sola palabra
y cuando lo pienso, esas veces en las que me tomo un tiempo
te juro que junto al menos treinta cosas que de vos no me gustan
y otras cinco o seis que hiciste mal que me hicieron llorar
como cuando decís que del diecinueve te acordás,
que fue el beso más lindo de tu vida y que por siempre me querrás
y después en tus palabras vos solo te cagás porque lo que decís
no hace juego con lo que hacés, todo se volvió gris
y apenas podés huís y yo me quedo mientras me canso de tanto
"El chico de esa noche de invierno perdió su encanto",
hasta que mi alma se ahoga en llanto y yo me planto ante mi propia persona
que me dice que sin vos se desmorona y me cuestiona el querer irme de vos
igual te digo adiós y es cuando aparecés otra vez
para decirme que me querés, y es cuando más me duele acá dentro
que te despiertes y te acuerdes de mi cuando ya me fui y no queda tiempo,
pero al final de todo yo te debo todo
y es que no puedo decir que la mayor parte de vos es maldad, porque miento,
porque quizás encuentre cinco
o treinta y ocho cosas que de vos me gusten más y siempre van a ganar,
como tu voz en el teléfono y en mi oreja,
tus ojos, tu mirada hecha de miel y tu cabeza
aunque sea tan compleja, me gusta tanto porque a nada se asemeja,
tus manos y la lapicera negra que cargará con lo que tengas para dejar;
como tus dedos cuando se deslizan por mi cuerpo,
cuando tu cara se refleja en el espejo
tocándome
me hacés sentir que sos un privilegio,
que no a cualquiera metés en tu cama
y tu respiración acelerada le regalás,
que no cualquiera te besa en la frente
y dejás que con tu hermano en la mesa se siente,
y yo no quiero que me presentes
en tu barrio, con tu gente,
que me exhibas cual obra de arte para inflarte
o que sientas que tenés que hacerlo para consolarme
o hacerme feliz porque si creés que es así
acá te digo cómo no es así
que si hay algo que yo no quiero
es eso que dicen por ahí, que tengo que querer porque sí
porque "todos lo hacen así, aquí",
qué par de sandeces
nunca paran de hablar estupideces.
No quiero que tengas que terminar mintiéndome
y yo mintiéndote
que vos me sofoques, que me veas y ya te agote
y pases a mirarme solo el escote
y te olvides de mis ojos, de mis brazos que unas tantas veces te sacaron a flote
así que agarrate fuerte que acá vamos,
comandante de mis obras de arte, el poeta que es dueño del perfume de mi camiseta,
amante que pasea por mis sueños, se mete y me despierta,
cabeza abajo, te veo gigante aunque te ahuyente el mundo tan cambiante
despertame, cantame como antes, como esa vez, ¿podés?
Y ahora sí, dame la mano que
te desato un rato de lo cotidiano
para que no nos consuma lo monótono
de no saber lo que es amar y nos baje del trono
y nos deje esperando detrás del tono del teléfono
y sentir la decepción del "no sonó",
es que han pasado ya dos años de aquella vez y puedo decir que yo sin vos no funciono (igual)
y cuando siento que algo va mal, digo "tengo que pensar" y me voy, reflexiono
y vuelvo de nuevo sintiendo que si no te tengo involuciono
y no entono con mi persona,
que es mentira que ya estamos completos nosotros solos
cuando conocés a alguien que te cambia todo y te da más de lo que ya tenías
y te enseña cosas que no sabías y te hace sentir que ya nunca vas a estar solo,
te abriga y te abraza, y en su piel te enseña su casa
hay algo que no vuelve cuando se va
nieve, truene o llueva,
hay algo en vos que no vuelve a ser igual,
y sabiendo lo insignificante que somos al lado del universo
me sentiría bien si alguien me dice "te quiero" y luego un beso.


viernes, 8 de julio de 2016

Siéntese

 Y ahora le juro, que con 70 años más me animaría a todo lo que no hice en aquella época, por cobardía, pero claro, hay un dicho que me atormenta desde el día en el que los años empezaron a pesarme, y es "Si no quisiste cuando pudiste, no podrás cuando quieras", no sé muy bien para qué se está usando esa frase ahora, yo la uso para recordar lo cobarde que fui cuando era joven, con muchas cosas, con muchas, pero sobre todo, hablando de amor. Fui muy cobarde acerca del amor, ¡y el amor no es eso! El amor es todo lo contrario, es arriesgarse sin pensar en el qué pasará después, es entregarse por completo, todo todito sin guardarse nada, es todo eso que yo no supe ser. Cuando tenía que irme, me quedaba, cuando tenía que quedarme me iba, cuando la miraba a los ojos y quería decirle un millón de cosas, le decía nada porque me daba terror que me despreciara, me daba terror el sentir más que ella y le balbuceaba palabras a veces, así, con cuentagotas, casi en silencio. Pero también cuando hablaba de más me quedaba vacío. Me tocó enamorarme de una persona un tanto distante, un tanto seca, "glacial" como le decía yo, "moderada", decía ella. No se le escapaba un te quiero ni por accidente, una caricia; y lo peor de todo es que el amor que yo le tenía crecía todos los días. De todas maneras, ella me decía cada tanto, cuando yo le decía que necesitaba amor (sí, penoso, pero lo hacía), me decía que a pesar de su silencio sentía muchas cosas, que a pesar de su boca cerrada, me amaba. A pesar de no demostrarlo como yo.
 Nunca supe si era cierto, quizás era yo el que esperaba demasiado, porque yo daba demasiado y quería que me devolvieran un poco lo mismo, más o menos. Hasta el día de hoy sigo pensando que quizás era yo: muy intenso, muy romántico, muy adulto de tan joven. Y permítame que le confiese algo, que antes me daría vergüenza pero ahora ya no, no tengo nada que perder, o que ganar. Yo lloro, yo lloro todas las noches, al costado de la cama, dejando el lado derecho vacío, desocupado, como si ella fuese a volver. Yo la extraño, desde que se fue es difícil, desde que se fue yo dejé de ser quien era, perdí la alegría, perdí las ganas de plantar flores azules en mi jardín, fíjese, pero fíjese bien, mire por la ventana, ¿qué ve? ¡¿Qué ve?! ¡Mire ese jardín desnutrido! ¡Mire la tierra! Siquiera hay pasto... No hay nada. Y ahora míreme a mi, ¿nota alguna diferencia? Estoy tan muerto como la naturaleza que solía haber ahí afuera, nadie se ocupa de cuidarlo. Yo no me ocupo de cuidarme, y es que lo intenté pero me canso. Me cansa dormir, despertar y respirar, y caminar hasta el hospital una vez al mes para hacerme los chequeos de rutina, me cansa tener que cocinarme, porque el camino de unos cuatro pasos y medio desde la cocina a la mesa, es interminable, y no por mi vejez y mis músculos atrofiados y mi fatiga a flor de piel, mas por los cientos de recuerdos que recuerdo en ese paso, y en el siguiente, y el siguiente. Peor aún es, llegar a la mesa con el mismo mantel de alguna Navidad pasada y apoyar un plato, un solo plato, un solo vaso, más el silencio haciendo ruido. Me cansa esta vida. Ella me cuidaba, siempre. De lunes a lunes sin feriados ni vacaciones. Aunque me mandara cagadas y disculpe por robarme este término tan de ustedes. Era incondicional, me hacía sentir bien, con pequeños detalles, que por supuesto, me di cuenta cuando era tarde.
-Pero nunca es tarde para volver a empezar-.
-Hace 25 años que se fue, ¿usted cree que nunca quise volver a empezar? Siempre quise, siempre intenté. En distintas partes del mundo, con distintas mujeres, sin mujeres. Con trabajo, sin trabajo. Viviendo solo, viviendo con mis padres, después de nuevo solo, después yéndola a buscar. Y me dicen, y me repiten, y me comentan; en el kiosco, en el bar, en el hospital: "Tantas personas en el mundo y usted sufriendo por una", y siempre respondí lo mismo: "Ojalá fuese cuestión de números"-.